Ésta es probablemente la frase más repetida cuando un fumador acude a un médico por problemas respiratorios. Es frecuente que una persona fumadora que tiene tos crónica interprete que está acatarrado permanentemente (“no he soltado el catarro desde el invierno”), o que tiene muchas infecciones (“en cuanto me recupero de un catarro, tengo otro”). Otras personas incluso asumen que la tos es normal cuando se fuma. Ambas ideas son peligrosas: hacen pensar al que tiene los síntomas que son sensaciones normales, que no implican un riesgo y que ya se pasarán… En el mejor de los casos, acudirán a un médico pasados unos cuantos meses y en el peor pasarán años hasta que se animen a consultar.

Pues bien, para dejarlo claro: si el catarro no se cura en dos semanas, no es un catarro. Es decir, toser y expectorar a diario durante meses no es normal, no es una secuela de una infección y tampoco es un efecto “normal” del tabaco. Un fumador que tose y expectora a diario durante más de 3 meses al año tiene un problema y puede corresponder a los primeros síntomas de una Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).

¿Qué es la EPOC?

Es la principal enfermedad producida por el humo del tabaco y de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) afecta en sus formas moderada y gravenada menos que a 65 millones de personas en el mundo. En España el estudio EPI-SCAN mostró que un 10,2% de la población entre 40 y 80 años tienen EPOC. Es decir, estadísticamente, de cada 10 personas que conozcas con una edad mayor de 40 años, es muy probable que una tenga EPOC.

Consiste en una inflamación crónica y estrechamiento de las vías aéreas por los daños producidos por el humo y las sustancias nocivas que contiene el tabaco. Como consecuencia produce una inflamación y un estrechamiento progresivo y, por desgracia, irreversible de las vías aéreas dentro de los pulmones. La inflamación produce un aumento de mucosidad que hace que la persona tosa y expectore con frecuencia; el estrechamiento de las vías aéreas produce dificultad para respirar (hay que hacer más esfuerzo para que el aire pase por unos conductos más estrechos). Según avanza la enfermedad, estos síntomas van aumentando lentamente y muchas veces las personas no las perciben porque las asocian a otras causas (por ejemplo catarros) y porque van modificando inconscientemente sus hábitos de vida (evitan subir cuestas y escaleras, evitan tener que cargar peso, hacer trayectos largos) hasta que el ahogo llega a impedir poder llevar una vida con la actividad habitual y realizar ejercicios mínimos (y cuando decimos mínimos, es tan mínimo como levantarse para ir al baño, cepillarse los dientes o lavarse el pelo). En las fases más avanzadas el daño pulmonar es tal, que es preciso añadir oxígeno como tratamiento en domicilio durante muchas horas al día porque los pulmones no son capaces de asegurar una oxigenación mínima que permita al corazón y otros órganos funcionar sin un sobreesfuerzo.

Y esto sólo es en la fase estable de la enfermedad. Las personas con EPOC suelen tener mayor facilidad para desarrollar infecciones respiratorias y de mayor gravedad, que suelen empeorar drásticamente los síntomas, obligan a la persona a acudir a urgencias y muchas veces a ingresar en el hospital. Después de un ingreso, aunque la infección respiratoria se resuelve con cierta rapidez, la recuperación de la situación previa requiere mucho más tiempo y esfuerzo que a una persona sin enfermedades respiratorias.

¿Cómo sé si tengo EPOC?

Es muy sencillo saber si se tiene EPOC, únicamente hay que realizar unaespirometría con test broncodilatador. La espirometría es una técnica indolora, que básicamente consiste en soplar en un tubo varias veces. Como decíamos, lo característico de la EPOC es que estrecha las vías respiratorias y dificulta el paso del aire; esa dificultad se puede medir cuando se sopla por el espirómetro. En la actualidad casi todos los centros médicos (tanto atención primaria como especializada) disponen de estos dispositivos, así que están al acceso de cualquiera.

¿Cómo se trata la EPOC?

La condición fundamental para evitar la progresión de la enfermedad es dejar de fumar porque a día de hoy no existe una cura definitiva y necesita un tratamiento de forma indefinida. Como decíamos el humo del tabaco es la causa de estrechamiento de las vías aéreas y es irreversible, por eso cuanto antes se pare el proceso menos daños quedarán en los pulmones.

A pesar de que la enfermedad es irreversible, tenemos medicamentos inhalados (broncodilatadores) que tomados a diario (no sólo cuando noten los síntomas), consiguen dilatar parcialmente las vías respiratorias y reducir los síntomas (tos, ahogo, infecciones) y en definitiva, mejoran la calidad de vida de los enfermos con EPOC.

En las situaciones más graves, en los que los niveles de oxígeno son muy bajos, se puede administrar oxígeno a altas concentraciones con dispositivos que se conectan a la corriente eléctrica en el propio domicilio. Por desgracia la oxigenoterapia es preciso usarla durante muchas horas todos los días y no mejora la enfermedad ni elimina la sensación de ahogo (no olvidemos que el problema es la dificultad del paso del aire por un conducto estrecho, es decir, sigue costando respirar aunque el aire se haya “enriquecido” con oxígeno).

¿Entonces, cuándo debo consultar a un médico?

Si tienes más de 35 años, has fumado en torno a 1 paquete de cigarrillos al día durante 10 años o más (o el equivalente: por ejemplo, 10 cigarrillos al día durante 20 años o 5 cigarrillos al día durante 40 años) y tienes tos persistente, flemas o episodios de ahogo, debes consultar a un médico. ¿A cuál?, a cualquiera. Como decíamos en cualquier centro médico se puede realizar o solicitar una espirometría que puede confirmar o descartar la enfermedad.

Se estima que el 70% de los pacientes EPOC aún no están diagnosticados porque no han dado importancia a sus síntomas y no han consultado a un médico, así que ante la duda, lo mejor es consultar para conocer si se padece ya la enfermedad para iniciar tratamiento y evitar que avance.

Dr. Sergio Salgado Aranda

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