La pleura es una membrana serosa de origen mesodérmico que recubre el parénquima pulmonar, el mediastino, el diafragma y la superficie interna de la pared torácica. Está constituida por una doble hoja:

 

– La pleura visceral: recubre la superficie del pulmón.

– La pleura parietal: recubre la superficie interna de la pared torácica, la cara superior del diafragma y la cara lateral del mediastino, subdividiéndose por tanto en pleura costal, pleura diafragmática y pleura mediastínica respectivamente.

Ambas hojas pleurales se unen en el hilio pulmonar, que es la zona anatómica situada en el mediastino medio, junto a la impresión cardíaca, por donde entran y salen las estructuras que forman la raíz pulmonar (el bronquio con sus vasos bronquiales, la arteria pulmonar, las venas pulmonares y los vasos linfáticos).

El espacio entre la pleura visceral y pleura parietal se denomina espacio o cavidad pleural (figura 1).

 

En condiciones normales, el espacio pleural contiene unos 15 mL de líquido pleural formado, entre otras sustancias, por glucoproteínas ricas en ácido hialurónico que actúan como lubricante entre ambas superficies pleurales. Este líquido es el resultante de un equilibrio fisiológico entre su producción y absorción. En la producción del líquido pleural intervienen las presiones que gobiernan la ley de Starling (presión hidrostática y presión oncótica dentro del capilar sanguíneo) y la presión pleural. La reabsorción se realiza principalmente a través de la red linfática de la pleura parietal.

Los desequilibrios entre la producción y la absorción de este líquido, así como el aumento de la permeabilidad en la microcirculación pleural, el paso de líquido desde el peritoneo, la rotura vascular o la rotura del conducto torácico producen una acumulación patológica de líquido pleural que se denomina derrame pleural (figura 2).

 

Figuras PLEURA

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